Triada de exclusión: salud mental, maternidad y estigma

El estigma asociado a los trastornos de salud mental en mujeres que son madres o están embarazadas afecta a su salud y al desarrollo de sus hijos/as

Mujer embarazada

Sigue habiendo prejuicios y estigmas contra las mujeres embarazadas o madres con necesidades de salud mental. Una atención sin prejuicios, respetuosa y comprensiva favorece un diálogo abierto sobre la salud mental – Foto de🇸🇮 Janko Ferlič en Unsplash

Autoras

Alicia Salamanca Fernández

Alicia Salamanca FernándezDoctora en Estudios de Género por la UCM. Trabajadora social, especializada en violencias, salud mental y drogodependencias. Actualmente, coordina servicios y equipos humanos en atención a salud mental y violencias, también imparte docencia en la Universidad VIU. Es consultora, formadora y asesora para entidades sociales, universidades y Administraciones públicas. Paralelamente realiza materiales didácticos, divulgativos, y es integrante de la Red Iberoamericana de Salud Mental y Género.

Berenice Domínguez Gómez

Berenice GómezPsicóloga Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X) de México. Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona. Ha sido coordinadora del Servicio de Información y Atención a las Mujeres (SIAD) y el Servicio de Atención Integral LGBTIQ+ (SAI) de la Fundación Salud y Comunidad en Pineda de Mar. Actualmente es Psicóloga Feminista en Espai Ariadna, un servicio de atención integral a mujeres cis y trans, solas o con sus hijos e hijas, que requieren un espacio seguro para enfrentar situaciones de violencia machista y adicciones.


 

La intersección entre género, maternidad y salud mental es un tema complejo y multidisciplinario que ha sido explorado en la literatura académica desde distintos enfoques. Este artículo aborda el estigma que enfrentan las mujeres que son madres o están embarazadas con trastornos de salud mental, una problemática que involucra diversas dimensiones de inequidad social y discriminación estructural.

Estigma estructural y género

Los procesos de estereotipación, etiquetado y estigmatización han sido desarrollados como mecanismos de control social tanto de manera formal como informal. En el caso de las mujeres, han sido herramientas poderosas para establecer diferencias y subordinación (Hansen, 2019; Rovira-Guardiola, 2022). El estereotipo misógino, que atribuye a las mujeres cualidades como debilidad, volubilidad y emocionalidad, perpetúa la normalización del sufrimiento femenino y constantemente cuestiona su capacidad y credibilidad, especialmente cuando denuncian la violencia ejercida por hombres. Este imaginario estigmatizante se agrava con aquellas que sufren trastornos mentales, debido a la exclusión y el discurso asociado a la enfermedad mental. Esta intersección de factores expone a las mujeres a una vulnerabilización de derechos (FMP, 2021).

El estigma estructural o institucional se refiere a un conjunto de normas, políticas y procedimientos de entidades públicas o privadas que restringen los derechos y las oportunidades de las personas con enfermedades mentales, legitimando las diferencias de poder y reproduciendo inequidades y exclusión social (Mora-Ríos et al., 2014). Este tipo de estigma es particularmente relevante para las mujeres con trastornos de salud mental que son madres o están embarazadas, quienes enfrentan una doble carga: por un lado, la discriminación asociada a su condición de salud mental y, por otro, las expectativas y estereotipos de género relacionados con la maternidad.

Maternidad y trastornos de salud mental

La intersección entre la maternidad y los problemas graves de salud mental añade una capa adicional de complejidad para las mujeres. Además de lidiar con los retos propios de la crianza, estas mujeres enfrentan una doble discriminación: la presión de los roles tradicionales de género y el estigma asociado a los trastornos mentales. Estudios cualitativos han revelado que estas mujeres a menudo enfrentan un juicio constante sobre su capacidad para ser madres adecuadas, lo que genera una sensación de estar siempre a prueba (Díaz-Pérez et al., 2017). Este juicio proviene tanto de profesionales de salud como del entorno familiar, basado en estereotipos de «mala madre» que erróneamente asocian la condición de salud mental con la incapacidad para el cuidado infantil.

En el contexto de la maternidad, surgen obstáculos adicionales que dificultan la identificación y denuncia de la violencia que enfrentan las mujeres con trastornos mentales.

Estos obstáculos pueden estar vinculados a la falta de conciencia sobre la violencia que sufren o la internalización del estigma prevalente en su entorno. Además, algunas mujeres pueden culpabilizarse a sí mismas o no reconocer como violencia las situaciones que experimentan (FMP, 2021). Hay evidencia que sugiere que estas mujeres tienen una mayor probabilidad de experimentar violencia de género. Según un informe de FEDEAFES (2017), el riesgo de sufrir violencia por parte de su pareja es de 2 a 4 veces mayor en comparación con mujeres sin estos diagnósticos.

Mujer agobiada

El estigma de la salud mental en la atención a la maternidad es un problema importante, sobre todo para las mujeres que sufren depresión y otros problemas de salud mental durante el embarazo y el posparto. El estigma que rodea a la salud mental puede generar sentimientos de vergüenza, culpa y angustia, lo que dificulta que las mujeres busquen ayuda – imagen adaptada de Infonova #40, todos los derechos reservados

Impacto del estigma en la salud Mental y la maternidad

El estigma hacia la enfermedad mental afecta tanto a las personas que la padecen como a sus familiares y al personal que las atiende. En el contexto de la maternidad, este estigma se manifiesta en múltiples formas, desde la falta de credibilidad cuando las mujeres reportan experiencias de violencia, malos tratos o abuso, hasta la intervención percibida de servicios sociales que a menudo se percibe intrusiva y como una amenaza de pérdida de custodia de los hijos. El autoestigma también puede disminuir la probabilidad de que busquen ayuda, perpetuando un ciclo de deterioro de la salud mental.

Un estudio realizado en cuatro centros de atención psiquiátrica en la Ciudad de México reveló que las principales fuentes de estigma eran la familia y el personal de salud. Las mujeres con trastornos de salud mental reportaron sentirse descalificadas y no dignas de confianza, especialmente cuando intentaban hablar sobre sus experiencias de violencia o abuso sexual (Mora-Ríos et al., 2014). La violencia «por omisión» es también significativa, donde los agresores pueden ejercer violencia simplemente omitiendo cuidados necesarios, como suministrar medicación o proporcionar alimentos. Estas mujeres son más vulnerables a todos los tipos de violencia de género, lo que genera mayor impunidad para los agresores y aumenta la vulnerabilidad de las mujeres con problemas de salud mental grave.

Interseccionalidad y salud mental

El enfoque de interseccionalidad es crucial para comprender la complejidad de la experiencia de las mujeres que son madres o están embarazadas con trastornos de salud mental. Este enfoque, propuesto originalmente por Crenshaw (1989) y desarrollado por autores como Hankivsky et al. (2010), analiza la interacción simultánea de diversos factores sociales en distintos niveles. En el contexto de la salud mental, esto implica considerar cómo el género, la pobreza, la etnia y otros determinantes sociales interactúan para crear experiencias únicas de estigmatización y exclusión.

El trabajo de Mora-Ríos et al. (2014) emplea este enfoque para entender cómo el sexo y el género se interrelacionan con otras dimensiones de inequidad social en contextos históricos y geográficos específicos, creando experiencias únicas en las áreas de salud. Los resultados destacan que la percepción de usuarios y usuarias sobre su padecimiento está influenciada por factores como la vulnerabilidad social, las precarias condiciones de vida, la violencia, el consumo de sustancias y la falta de una red de apoyo. Además, el género incide en estas experiencias: las mujeres son mayormente víctimas de violencia de género y los hombres presentan mayores consumos de sustancias.

Obstáculos en la atención sociosanitaria

Los temores presentes en los profesionales de la salud mental relacionados con los mitos sobre la enfermedad mental reflejan la necesidad de un enfoque integral que tenga en cuenta tanto los aspectos de salud mental como los determinantes sociales. Es crucial una relación de poder más equitativa entre los profesionales y las usuarias/pacientes para promover su empoderamiento y autonomía. La concepción de las problemáticas por «parcelas estancas» también se presenta como un obstáculo, lejos de una perspectiva de salud integral que considere los determinantes sociales de la salud mental y proporcione intervenciones integrales que aborden esta fragmentación.

Según un estudio de la Federación de Mujeres Progresistas (2021), se identificaron varios obstáculos derivados de la socialización de género que afectan la atención sociosanitaria de las mujeres:

  • Escasez de tiempo para atender su propia salud: En el contexto del mandato cultural del cuidado, muchas mujeres priorizan las necesidades y el bienestar de otras personas sobre el suyo propio, limitando el tiempo y los recursos que pueden dedicar a su propia salud.
  • Excesiva psicologización de las dolencias: A nivel diagnóstico, la psicologización excesiva de las dolencias de las mujeres puede llevar a que estas expresen sus malestares de forma que generen menos alarma social, resultando en una atención insuficiente por parte de los servicios de salud.
  • Alta estigmatización e invalidación: Las mujeres enfrentan una alta estigmatización, incapacitación e invalidación de sus decisiones y acciones, tanto en el núcleo familiar como con los cuidadores principales, afectando negativamente su bienestar emocional y mental.
  • El agresor como cuidador principal: La situación en la que el agresor es el cuidador principal, junto con la falta de intimidad y privacidad, y la necesidad de acudir a consultas médicas acompañadas, pueden actuar como barreras significativas que dificultan la expresión de malestares y la revelación de situaciones de violencia de género, limitando el acceso a una atención adecuada.

 

Conclusiones y recomendaciones

El estigma asociado a los trastornos de salud mental en mujeres que son madres o están embarazadas constituye una barrera significativa que afecta tanto la salud de las madres como el desarrollo de sus hijos. Abordar este estigma a través de la educación, el apoyo y la mejora del acceso a la atención de salud mental es esencial para asegurar el bienestar de estas mujeres y sus familias. La sociedad y los sistemas de salud deben colaborar para crear un entorno más inclusivo y comprensivo, donde todas las mujeres puedan recibir la atención y el apoyo necesarios.

La atención digna de las mujeres que son madres o están embarazadas con trastornos de salud mental requiere estrategias de intervención que consideren el estigma y la intersección de múltiples factores de inequidad.

Es fundamental que los profesionales que intervienen con estas mujeres reciban una capacitación adecuada para abordar los prejuicios y estereotipos de género y ofrecer un apoyo comprensivo y no discriminatorio.

El diseño de los centros de atención a mujeres embarazadas o madres con problemas de salud mental, así como los programas de intervención, deben tener en cuenta todos los aspectos relevantes para abordar estas realidades. Esto implica un cambio en el orden de prioridades, centrando las investigaciones, modelos de intervención, diseño de programas y construcción de centros de atención en las necesidades específicas de estas mujeres (Domínguez & Salamanca, 2023).

La educación y sensibilización son herramientas poderosas para reducir el estigma. Programas educativos dirigidos a profesionales de la salud y al público en general pueden ayudar a corregir conceptos erróneos y promover una comprensión más empática y fundamentada (Waqas et al. 2020). Además, es crucial promover entornos de apoyo que brinden seguridad a las mujeres para expresar abiertamente sus preocupaciones sobre la salud mental sin temor al juicio. Iniciativas como grupos de apoyo o redes de pares ofrecen espacios seguros para compartir experiencias y recibir respaldo emocional, al tiempo que empoderan a las mujeres para convertirlas en agentes de cambio, informadas y conscientes de sus realidades, lo que les permite resignificarse desde una perspectiva digna y compasiva.


Referencias

Crenshaw, K. (1989). Demarginalizing the intersection of race and sex: A black feminist critique of antidiscrimination doctrine, feminist theory, and antiracist politics. University of Chicago Legal Forum, 1989(1), 139-167.  Recuperado de https://chicagounbound.uchicago.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1052&context=uclf

Díaz-Pérez, I., Gómez-Benito, J., & Saldaña-Dueñas, J. (2017). Maternidad y trastorno mental grave: Experiencias de maternidad. Revista de Salud Mental, 36(1), 57-59. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5836864.pdf

Domínguez Gómez, B., & Salamanca Fernández, A. (2023). Feminizar la atención en drogodependencias y salud mental: Enfrentando la ceguera de género. Infonova, Asociación Dianova España, 40, Adicciones, violencia de género y abordajes centrados en el trauma. Recuperado de https://dianova.es/wp-content/uploads/2023/05/INFONOVA-40-3.pdf

Federación de Mujeres Progresistas (2021). En clave saludable: Los determinantes de género en la salud de las mujeres.

FEDEAFES. (2017). Investigación sobre violencia contra las mujeres con enfermedad mental. Informe de resultados.

Hankivsky, O., Reid, C., Cormier, R., Varcoe, C., Clark, N., Benoit, C., & Brotman, S. (2010). Exploring the promises of intersectionality for advancing women’s health research. International journal for equity in health, 9, 5 Recuperado de https://equityhealthj.biomedcentral.com/articles/10.1186/1475-9276-9-5

Hansen, G. (2019). Estigma, consumo de drogas y adicciones: Conceptos, implicaciones y recomendaciones. Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. RIOD.

Mora-Ríos, J., Ortega-Ortega, M., & Cortés-Sotres, J. F. (2014). Estigma estructural, género e interseccionalidad. Implicaciones en la atención en la salud mental. Salud Mental, 37(4), 277-278. Recuperado de https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252014000400004

Rovira-Guardiola, J. (2022). Estigma y drogas: Estrategia de formación a la Red de atención a drogodependencias de Cataluña. Conferencia de jornadas FCD y ASPB.

Waqas, A., Malik, S., Fida, A., Abbas, N., Mian, N., Miryala, S., Amray, A. N., Shah, Z., & Naveed, S. (2020). Interventions to Reduce Stigma Related to Mental Illnesses in Educational Institutes: a Systematic Review. The Psychiatric quarterly, 91(3), 887–903. https://doi.org/10.1007/s11126-020-09751-4