La perspectiva de los derechos de la infancia en los servicios de adicción

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Dianova ha realizado una encuesta para recabar información sobre cómo se abordan las necesidades de la infancia en los servicios de adicción para personas adultas

Niños y niñas

Los/las niños/as afectados/as por el consumo de drogas de sus padres o madres tienden a sentirse solos y a carecer de las condiciones que les permitirían crecer con seguridad, recibir clases extraescolares y pasar el tiempo adecuado con sus padres o madres para jugar o aprender – Photo by Keren Fedida on Unsplash

  • Autora: Caroline Fuller
  • Coautora: Gisela Hansen Rodríguez, PhD.
  • Estudio completo en inglés (próximamente disponible en español y francés)

Resumen ejecutivo

Caroline Fuller

Caroline Fuller

El consumo de drogas está aumentando en todo el mundo, afectando no sólo a los consumidores sino también a sus familias, e interfiriendo en el bienestar y los derechos humanos de la infancia. Las niñas y los niños que viven con padres y madres que consumen o son dependientes de sustancias tienen más probabilidades de desarrollar una serie de problemas sanitarios, sociales, físicos y psicológicos. El consumo de drogas puede afectar a la infancia a una edad muy temprana: consumir sustancias durante el embarazo aumenta las posibilidades de que se produzcan anomalías congénitas, bebés prematuros y otros problemas de salud, como el Síndrome Alcohólico Fetal (SAF), que puede provocar discapacidades intelectuales y físicas (Roebuck, Mattson y Riley, 1998).

Gisela Hansen

Gisela Hansen

Los servicios de adicción, tales como programas de reducción de daños o de tratamiento, han demostrado su eficacia a la hora de abordar las necesidades de las personas que consumen drogas; sin embargo, no está claro si son capaces de proporcionar a los hijos e hijas de los clientes las intervenciones que necesitan. Los servicios deben adaptarse a las realidades de cada persona, por lo que se ha establecido en la actualidad que debe desarrollarse un enfoque de género para abordar las necesidades específicas de las mujeres. De la misma manera, hemos pensado que sería interesante analizar cómo los servicios de adicción tienen en cuenta los derechos de la infancia, y cómo promover la perspectiva de los derechos de la infancia en dichos servicios.

Con este objetivo, Dianova realizó una encuesta para recabar información sobre cómo se abordan las necesidades de la infancia en los servicios de adicción para personas adultas. De las 39 personas que respondieron a la encuesta, la mayoría formaban parte de la dirección y/o coordinación de servicios de adicción a sustancias. Las personas que participaron proporcionaron información sobre los usuarios de los servicios en programas de tratamiento ambulatorio y residencial, así como en servicios de reducción de daños.

Los participantes señalan que los usuarios de los servicios hablan regularmente de sus hijos e hijas y la mitad de los encuestados mencionan haber discutido en referencia a la custodia de los niños y niñas con sus beneficiarios. También afirman que los hombres y las mujeres tienden a comportarse de forma diferente con sus hijos e hijas. Además, las madres suelen ser estigmatizadas por consumir drogas a pesar de ser las principales encargadas de cuidar a la infancia. Por el contrario, los padres parecen estar a menudo ausentes, y cuando toman iniciativas en la crianza de la infancia, suelen recibir más elogios por hacerlo que las mujeres. En cuanto a la violencia, parece ser cometida por ambos géneros, siendo las mujeres más propensas a la negligencia y los hombres a la violencia física.

Los padres y madres con trastornos por consumo de sustancias suelen dedicar menos tiempo al cuidado de sus hijos o hijas, que, como resultado, tienden a quedarse atrás en términos de educación, vida social y normas de higiene. Lo que más experimentan estos niños o niñas es el abandono, seguido de la necesidad de cuidar de sí mismos y de sus hermanos o hermanas debido a la incapacidad de sus padres y madres para asumir sus responsabilidades. Sin embargo, algunas familias piden ayuda a terceros para satisfacer las necesidades de la infancia – reconociendo su incapacidad para hacerlo – mostrando así una voluntad de darles una oportunidad justa en la vida. Las madres están más dispuestas a pedir ayuda que los hombres, ya que suelen tener un comportamiento más responsable con sus hijos e hijas. En consecuencia, los abuelos suelen ser los que acaban cuidando de ellos.

El 63% de los encuestados afirma que es relativamente fácil identificar el maltrato infantil, y más de la mitad dice que hay suficiente tiempo en sus tareas diarias para evaluar los riesgos a los que se enfrentan los niños/as y adolescentes. La mayoría cree que identificar las situaciones de riesgo a las que se enfrenta la infancia es una parte integral de su trabajo. Cuando los profesionales son testigos de una situación de negligencia, violencia o abuso hacia un niño o una niña, es probable que se pongan en contacto con los servicios de protección de la infancia. De hecho, el 89% de los encuestados afirma que denunciaría una situación de maltrato infantil, y el 53% está de acuerdo en que su personal ha recibido formación para identificar situaciones de riesgo.

Sin embargo, al mismo tiempo, los encuestados informan de que la mitad de los servicios no proporcionan a los profesionales formación en materia de habilidades parentales y los que han recibido formación no la ejercen durante su trabajo diario. Además, en la mayoría de los servicios de adicción no existen protocolos para identificar posibles situaciones de riesgo para la infancia. En total, el 45% de las personas encuestadas mencionó que, en su servicio, no se había tomado ninguna iniciativa para promover la protección de la infancia durante el año anterior.

Otro gran obstáculo es que la mitad de las personas entrevistadas tienden a abstenerse de hacer preguntas personales, ya que creen que su principal objetivo debe ser el consumo de sustancias. Cuando se enfrentan al maltrato infantil, ya sea real o potencial, los encuestados afirman que tienen que enfrentarse a un doble reto: proteger al niño o a la niña y, al mismo tiempo, proporcionar a sus padres o madres el apoyo adecuado. El equipo de profesionales no quiere poner en peligro la alianza terapéutica en la que se basa su relación con las personas afectadas, mientras que es su responsabilidad proteger a la infancia. En este sentido, el 47% de los encuestados están preocupados por la posibilidad de represalias por parte de los usuarios de los servicios en caso de que se revele una situación de abuso o negligencia.

Algunos servicios ponen en práctica propuestas destinadas a responder mejor a las necesidades de los hijos o hijas de los beneficiarios, aumentando las capacidades parentales de los padres y madres y apoyando a la infancia mediante sesiones regulares de terapia dedicadas a fomentar su desarrollo emocional e intelectual. Cabe señalar que, estos servicios, también podrían poner en marcha programas de apoyo a las mujeres embarazadas que consumen drogas, así como programas de prevención para personas adultas y para la adolescencia dentro de los entornos educativos y de tratamiento.