Adicciones y justicia: preservar los derechos de los adolescentes

La comunidad terapéutica para problemas de salud mental y adicciones en adolescentes en conflicto con la ley en México

Portada la comunidad terapéutica

Simón Tavera demuestra que el modelo de comunidad terapéutica es una opción de tratamiento esencial para los adolescentes con consumo de sustancias y problemas concomitantes de salud mental, especialmente los jóvenes en conflicto con la ley – Imagen: portada del libro «La comunidad terapéutica» de Simón Tavera Romero

Por Simón Tavera – Tratar los problemas de las personas adolescentes en conflicto con la ley en materia de salud mental y adicciones debe cumplir con un conjunto de requerimientos técnicos y normativos, pues se trata de un problema considerado de salud pública que debe ser atendido por el estado mexicano, siendo un derecho establecido en la constitución política de nuestro país.

Promoviendo el derecho a la salud

Este derecho a la salud no se pierde por la condición de ser infractor de la ley y sí al ingresar al sistema penal por haber cometido un delito, la persona adolescente padece una situación de dependencia, entonces tiene derecho a recibir un tratamiento integral, profesional y con base en evidencia, previo consentimiento informado.

Es de resaltar que Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, establece como principal propósito de las medidas de tratamiento, la restitución de los derechos humanos a fin de contrarrestar las causas que favorecieron la comisión del delito y promover el desarrollo integral de la persona adolescente, tomando en consideración las condiciones de su entorno para impulsar un proceso de reinserción social y evitar la reincidencia.

Este enfoque plantea una perspectiva compleja sobre las causas de la comisión del delito, más allá de las motivaciones individuales, propone una comprensión sistémica en donde intervienen factores desde los ámbitos individual, familiar, comunitario y social.

En este sentido, esta Ley propone un conjunto de disposiciones que se refieren al cumplimiento de la responsabilidad penal sobre los hechos tipificados como delito y sus medidas de sanción, pero también en la restitución de derechos que construyan ciudadanía y sana convivencia social.

De esta manera, las medidas de sanción no se remiten solamente a la privación de la libertad como condición de seguridad pública en su sentido represivo, sino también, a un principio de seguridad ciudadana en la que se busca la participación colectiva para la construcción de la seguridad y el bienestar social. Bajo esta perspectiva, la privación de la libertad se traduce en un proceso formativo en temas relativos a las libertades fundamentales, fomento de vínculos socialmente positivos y desarrollo de la personalidad. Así también, se deberá procurar la reinserción social, mediante el pleno desarrollo de sus capacidades y sentido de la responsabilidad en los ámbitos familiar, escolar, laboral y comunitario que le permitan reducir la posibilidad de reincidencia y adquirir una función socialmente constructiva.

Un proceso participativo que involucra a los adolescentes

Para que este proceso socioeducativo funcione, es importante que se cumpla un supuesto: que la metodología sea participativa y la persona adolescente se involucre de forma protagónica en su desarrollo. Esto implica que la persona adolescente sea sensibilizada de su situación como infractor de la ley, reconozca las consecuencias y daños causados a otras personas, así como estar dispuesto a reparar o restaurar los daños en la medida de lo posible. Parte sustantiva de este enfoque restaurativo consiste en reconocer la culpa, reconocer su estilo de vida delictivo y estar dispuesto a adoptar un proyecto de vida alternativo, con una mayor perspectiva de salud, desarrollo individual y colectivo, así como una sana convivencia social.

En este sentido, se elabora conjuntamente un plan individualizado entre la persona adolescente, su familia y el personal técnico de los centros especializados y se firma su consentimiento, con conocimiento del juez. El plan adquiere una complejidad que corresponde al conjunto de rezagos y necesidades de la persona adolescente y, por ende, identifica situaciones que deben ser cubiertas a través de servicios especializados que les den tratamiento. Atención médica, salud mental, terapia familiar, reincorporación escolar, capacitación para el empleo y habilidades sociales para la reinserción social como es el arte, la cultura y el deporte son componentes imprescindibles para el proceso formativo de la persona adolescente.

El plan individualizado aplica un enfoque integral y socioeducativo que implementa intervenciones que contribuyan a la formación y adquisición de herramientas de habilidades sociales, cultura de la legalidad, educación para la paz, derechos humanos, perspectiva de género y protección al ambiente, para facilitar la reinserción en los ámbitos familiar, escolar, laboral y social.

La comunidad terapéutica

Bajo este marco operativo debe insertarse el tratamiento de la salud mental y las adicciones armonizado con lo prescrito por la Ley y su dispositivo debe sumarse a las actividades socioeducativas implementadas en los centros especializados y promover la reinserción social. El componente adicional para este tratamiento especializado es la comunidad terapéutica.

People in a park

Las polifacéticas heridas psicológicas asociadas a la adicción y a la conducta delictiva requieren iniciar un proceso de recuperación caracterizado por cambios en el estilo de vida y en la identidad como el que se desarrolla en las comunidades terapéuticas – Foto: Shutterstock

En primer lugar, la comunidad terapéutica aplica una premisa que considera que a la situación de dependencia al consumo de sustancias psicoactivas siempre le subyace un problema de tipo emocional y que la base del tratamiento, además de buscar el control del consumo, debe orientarse a elaborar estos problemas emocionales que son la base de la conducta sintomatológica. De esta manera, la comunidad terapéutica suma el tratamiento de la salud mental con intervenciones psicoterapéuticas al plan individualizado.

Bajo esta lógica, la hipótesis de intervención considera que tales problemas emocionales se manifiestan en las relaciones interpersonales cotidianas y durante las diferentes actividades del programa del plan individualizado. La experiencia nos muestra que los problemas emocionales se traducen en dificultades relacionales a manera de problemas adaptativos en la comunidad, de perdida de sentido del tratamiento, de dificultades de seguir los objetivos de un programa o conflictos con sus pares y personal técnico.

Objetivos: salud mental y tratamiento de adicciones

Nadie tiene razón

Foto extraída del libro de Simón Tavera – todos los derechos reservados

En este sentido, la técnica de intervención de este modelo consiste en promover la elaboración de los conflictos relacionales que se manifiestan cotidianamente en la comunidad. Los problemas que surjan serán objeto de análisis y reflexión grupal como expresión de la falta de control de impulsos, violencia y correlato de la salud mental. En estas intervenciones se orientará su análisis para entender la asociación que existe entre los problemas relacionales actuales y las situaciones que lo llevaron a estar en conflicto con la ley y dependencia al consumo de sustancias. Lo anterior significa en términos operativos que cuando se suscite un conflicto siempre estará un técnico para contener la situación y orientar su abordaje en los espacios destinados para este propósito como son los grupos de reflexión, confrontación, psicodrama o grupo de encuentro. Se trata de transferir los conflictos actuados al universo de la palabra bajo criterios psicoterapéuticos de aprendizaje.

Con base en lo anterior, definimos la comunidad terapéutica como un dispositivo de tratamiento para problemas de salud mental y las adicciones para adolescentes en conflicto con la ley. El proceso de atención tiene lugar en un programa altamente estructurado que utiliza un mecanismo de presión que provoca que la persona adolescente “actúe” sus problemas relacionales y de conflicto con la ley frente a sus pares. Éstos le servirán de espejo de la consecuencia social de sus actos, los cuales son sometidos al análisis y la reflexión comunitaria, para su comprensión y aprendizajes bajo un clima de contención y seguridad emocional.

Finalmente, mencionar las condiciones o supuestos que deben cumplirse para hacer posible un proceso con estas características, las cuales son las siguientes: ingreso voluntario, un grado de conciencia de los problemas, participación de la familia, compromiso con el programa de actividades, disposición al trabajo comunitario y respeto a las reglas de participación: no violencia, no robo y no consumo de sustancias.

Este es el esfuerzo que están realizando desde hace 8 años la Comunidad Terapéutica “Nelson Mandela” en el Centro Especializado de Internamiento Preventivo, adscrito a la Subsecretaria del Sistema Penitenciario del gobierno de la Ciudad de México.

Este es un texto dedicado a esta comunidad de adolescentes.