“Escucha Primero” – La familia Durán en Catalunya en Miniatura

Con la campaña “¡Escucha primero!”, sigue las pequeñas aventuras de la familia Durán, una familia ficticia cuyas preocupaciones son las de miles de familias reales. Este mes, la familia Durán está en Catalunya en Miniatura

Un día en “Catalunya en Miniatura”

Iria y su esposo Marc, son padres jóvenes tan enamorados el uno del otro como preocupados por su hijo, están convencidos de que su educación no es una tarea menor, pero que pueden lograr resolver todos los problemas con amabilidad y comprensión.

El mes pasado, dejamos a los Durán en la estación de Boí Taüll en los Pirineos durante un viaje de esquí lleno de emociones. Hoy, nuestra pequeña familia se prepara para visitar el parque de Catalunya en Miniatura cerca de Barcelona, un espacio único en su especie y que combina el descubrimiento de los tesoros arquitectónicos de Cataluña (con maquetas) y un circuito de aventura vertical.

Después de dejar Barcelona, los Durán rápidamente llegan a la localidad de Torrelles de Llobregat y de ahí, al parque de Catalunya en Miniatura. Desde esta mañana, el pequeño Nil está un tanto malhumorado. Mucho antes de la excursión de hoy, su mamá le ha explicado que iban a visitar los monumentos más bonitos de Catalunya, ¡pero en versión miniatura! Nil ya se había imaginado todas las aventuras que viviría siendo un gigante en el país de los Pitufos… ¡Y esta mañana es cuando le han dicho que no estaba permitido levantar los techos de los monumentos o de probar la resistencia de sus muros! “Jugar con los ojos”, como dice papá, está muy bien pero no es muy divertido. Afortunadamente, le han prometido que podrá y deberá de pulsar todos los botones que vaya descubriendo en el paseo por las maquetas, trenecitos que se mueven, músicas, fuegos que apagan los bomberos… Además, podrá lanzarse solo de la gran tirolina del parque vertical… En ese momento, aplaudió de emoción (pero ahora que el momento fatídico se acerca, está un poco inquieto).

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Una noche de chicas

Marc y Iria también guardan silencio durante la mayor parte del viaje. Desde hace algún tiempo, Iria se siente estresada. Entre el trayecto en coche al trabajo de cada día, el propio trabajo y el pequeño Nil, los días van y vienen a un ritmo agotador y le da la impresión de no dedicarle tiempo suficiente a su hijo. Con el fin de cambiar las ideas, decidió reunirse con algunas de sus mejores amigas y organizar una “noche de chicas” inolvidable. De modo que necesitaba: contactar a sus amigas, verificar su disponibilidad, encontrar una fecha, reservar un buen restaurante, etc. Una semana de organización y de preparativos hasta la noche de ayer. La noche fue, sin dudas, divertidísima, pero a pesar de la felicidad de los encuentros, a pesar de las charlas y las risas, Iria no pudo dejar de lado ese sentimiento difuso de culpabilidad. Porque toda esa estupenda organización dejó un gusto amargo por la gran crisis de llanto del pequeño Nil cuando su mamá lo iba a dejar para ir a reunirse con sus amigas.

Sin embargo, Iria había hecho bien las cosas. Al pequeño Nil le había avisado debidamente que su mamá pasaría la noche por su cuenta y él parecía haberse tomado las cosas bien. Pero desgraciadamente, llegado el momento, no pudo soportar verse abandonado y no dudó en suplicarle a su madre que renunciara a tan terrible proyecto. Iria no se dejó convencer, pero a pesar de todo, ver la cara de su pequeño tan retorcida por la angustia le apretujó el corazón toda la noche. E incluso hoy, al ver a Nil tan malhumorado, ella se imagina que aún se lo reprocha, aunque el niño piense en algo totalmente diferente.

Y durante ese tiempo, un tribunal viene a reunirse para dar su veredicto en la mente de la joven mujer. Y el veredicto es severo: “Iria Durán, te declaro culpable de haber abandonado a tu hijo por tu propio placer mezquino y egoísta!”

La culpabilidad de los padres

La culpa es una emoción que afecta cada vez más a los padres. Incluso si su grado de intensidad varía de una persona a otra, esta emoción puede a largo plazo afectar las actitudes de los padres, la confianza en sí mismo y conducir a la ansiedad. Además, las redes sociales son rápidas para señalar con el dedo a un cierto número de “madres indignas”, lo que contribuye a ampliar este fenómeno.

La culpabilidad de los padres afecta más a las madres; sin embargo, sería falso pensar que se trata de un fenómeno vinculado a un género determinado. Además, algunos padres pueden sentirlo incluso más que su esposa. En realidad, son variables sociológicas las que explican el hecho de que a las madres les afecte más que a los padres.

Evaluar o incluso cuestionar nuestras intervenciones parentales es algo, más bien, positivo. En cambio, el niño no debe volverse la esfera ultradominante de la valoración como padre. Una persona que tenga una buena confianza en sí misma busca valorizar muchas otras esferas importantes de la vida, como el trabajo, los pasatiempos, la amistad, etc. Es normal y sano. En el caso contrario, el padre se pone en una situación de riesgo (baja autoestima, ansiedad, etc.) cuando considera que su paternidad es insatisfactoria.

Decirle “no” a tu hijo

“No comas con las manos, no corras en la acera, dibuja en el papel”, los padres tienen a menudo la impresión de refrenar la espontaneidad de sus niños. Sin embargo, su rol consiste en crear un marco y mantenerlo. Para el niño es una necesidad psíquica: establecer las reglas y recordarlas sin cesar permite que el niño las interiorice y, de ese modo, adquiera su independencia. Ser independiente es aprender a dominar los impulsos y a estar cómodos con las reglas sociales comunes. Decirle no a tu hijo es también ayudarlo a volverse independiente. Si el niño ve todos sus deseos satisfechos, se vuelve un esclavo. Posteriormente, se puede volver un adulto incapaz de aceptar los límites impuestos por la vida, lo que puede ser una fuente de ira y violencia.

Descubrimiento de maquetas

Desde hace más de una hora, la familia Durán se pasea entre las maquetas de los monumentos más bellos de Cataluña mientras el pequeño Nil brinca por todos lados. Su maqueta favorita es la Sagrada Familia. Incluso aunque ya haya visitado la famosa basílica, está impresionado por los miles de pequeños detalles de la maqueta mientras se imagina que es un gigante de visita en un mundo de personas diminutas. Siempre listo para convertir una actividad en una enseñanza, esta vez es la arquitectura que tiene el lugar de honor, su papá le explica que la “catedral de los pobres”, la verdadera, constará de dieciocho torres una vez esté terminada y que en ese mismo momento los obreros estaban construyendo la gran torre de la Virgen María. A Nil le cuesta comprender cómo se necesitan años y años para construir una cosa que todavía no está terminada, mientras que se puede hacer prácticamente cualquier cosa en solo unos meses…

Y luego de todos modos, poco le interesa el arte gótico o romano o ese señor Gaudí que tiene el mismo apellido que el director de su escuela (un gran señor que siempre viste de negro y que le da un poco de miedo). Además, ya comienza a hartarse de imaginarse como gigante. Ahora, tiene ganas de ver las cosas desde un poco más arriba, desde las alturas de los árboles por ejemplo, y su mirada se desvía hacia el parque de aventura vertical que está un poco más alejado. Si escucha atentamente, puede incluso oír las risotadas (o gritos de miedo) de los niños que se divierten en las ramas.

Marc está un poco decepcionado de ver a su hijo tan poco interesado en sus explicaciones. “Hay que entenderlo, solo tiene 10 años”, señala Iria de forma práctica. El hombre suspira, poco convencido. Recuerda las maquetas que hacía a la misma edad con la ayuda de su padre y de su pasión por los castillos fuertes, los puentes levadizos y caballeros con armaduras.

¿Cuáles deben ser las expectativas que tenemos de nuestros hijos?

El niño a menudo tiene una gran responsabilidad: ¡existe para solucionar una parte de la historia de vida de sus propios padres! ¿El padre no tuvo acceso a la educación superior? Es el niño el que tendrá que hacerlo. ¿El padre tuvo un trauma infantil por abandono? Entonces intentará arreglar ese pasado sobreprotegiendo a su hijo…

La parentalidad implica muchos desafíos ligados a la voluntad de los padres de transmitir una herencia a su hijo y a la resistencia más o menos importante del niño frente al deseo del padre. Es de este modo que, las expectativas que los padres tienen sobre su hijo pueden ser inmensas y son muchos los padres que se esfuerzan en crear las bases de ese futuro: actividades artísticas, música, deportes, apoyo escolar, viajes de idiomas, etc. “Hacemos todo por él” y a cambio (de la inversión), esperamos que tenga éxito en la vida: un trabajo de prestigio, un buen matrimonio, etc.

Acompañar su hijo/hija, sí, pero dentro de sus propios deseos

Esperar lo mejor para un hijo no es algo malo ya que las expectativas de los padres son también el motor para el niño, luego para el adolescente que se siente de este modo impulsado a mejorar. En cambio, se debe procurar acompañarlo y aportarle lo mejor posible, pero siempre dentro de sus propios deseos y no de los nuestros. Si el pequeño Nil no es intelectual, ¡poco importa! Existe una gran cantidad de empleos apasionantes y creativos que no son, a priori, para los intelectuales.

Si las expectativas de los padres son demasiado rígidas, puede desarrollarse una crisis de oposición creciente, lo que permitirá al niño cuestionar a sus padres y elegir otra cosa. Al oponerse, el niño que se ha convertido en adolescente o adulto va a centrarse en decepcionar a sus padres para preservar su libertad e individualidad. Y más adelante, solo quedará que el padre acepte que ese “niño soñado” no existe.

Al pie de los árboles

El pequeño Nil finalmente ha ganado y toda la familia se encuentra ahora reunida al pie de los árboles. Nil y su mamá ya están completamente equipados, con el arnés puesto. Y ahora escuchan rigurosamente los consejos de Tony, el monitor del parque vertical, que les explica las reglas de seguridad.

Marc se pone un poco a un lado, ¿trepar por los árboles? no gracias, prefiere pasar. La idea de dejar la tierra firme le da escalofríos. En realidad, el único deporte que le gusta practicar, aunque sea ocasionalmente, es el esquí. En la escuela, ya lo llamaban “el intelectual”, pero no a modo de cumplido… Nil es todo lo opuesto a él. “Él salió a su madre”, se dice Marc. Mientras que él es tranquilo, pensativo, aficionado a la lectura y al silencio, su hijo es muy apasionado, siempre listo para realizar cualquier actividad física.

Marc e Iria deciden canalizar ese exceso de energía inscribiendo a su hijo en todo tipo de actividades extraescolares. Nil ya practica tenis tres veces a la semana e Iria acaba de inscribirlo en un curso de krav magá que acaba de abrir cerca de su casa. Y, además, ¡en dos semanas comenzará un curso de introducción a las artes circenses!

Sin mencionar el curso de guitarra… Ah, no, cierto que dejó de lado la guitarra… Marc tiene muchas dudas. Con respecto al tenis, está bien. Nil lo practica desde hace tres años y es bastante bueno. A Marc le gusta mucho ver los ojos de su esposa brillar con las hazañas de su hijo. Feliz de su inmenso orgullo de ex promesa del tenis femenino, ya que Iria también es una deportista consumada. Las artes circenses, vale. Aprender a caminar en una bola gigante, hacer malabares o dar saltos mortales, sin duda, Nil se sentirá como un pez en el agua.

¡Pero krav magá! A Marc le cuesta entenderlo. “Aprender a defenderse”, “tiende a un movimiento mínimo, cercano al reflejo”… Para él es como el chino. Incluso si su esposa no para de repetirle que eso no tiene nada que ver, él asocia siempre ese arte marcial a los duelos terribles que tienen esos gladiadores modernos profesionales de la lucha libre.

Pero bueno, suspira, Iria probablemente tiene razón. Y su hijo no terminará en una jaula de hierro octogonal… Pero, aun así todas esas actividades, ¿son realmente buenas para él?

Actividades extraescolares, ¿hasta qué punto?

El actual entusiasmo de los padres por las actividades extraescolares está estrechamente vinculada a las mutaciones sociales contemporáneas, particularmente en los modelos familiares. Recurrir a una actividad extraescolar es un buen medio de compensar la ausencia de las madres, cada vez más activas profesionalmente, de armar mejor a los niños frente a un mercado laboral altamente competitivo y, finalmente, de promover prácticas que se consideran positivas para su salud o creatividad.

Al comienzo, estas intenciones son muy recomendables, pero, desgraciadamente, ocultan una realidad que lo es mucho menos: estas actividades son a veces muy costosas, consumen mucho tiempo y energía y pueden ser agotadoras para los niños. Sin embargo, el hecho de inscribir al niño en dos, tres o cuatro actividades extraescolares por semana (y a veces todos los días) se ha vuelto uno de los marcadores indispensables de “buena paternidad” (con la organización de grandes fiestas de cumpleaños), un fenómeno que se mantiene a sí mismo con la expansión de la oferta en esta área y una cierta competencia entre las familias.

¿Dónde poner los límites?

Las actividades extraescolares no deben interferir con las otras esferas de la vida del niño y de la familia, como los deberes, la vida social, el tiempo libre o el tiempo en familia. ¡Es necesario conservar el indispensable equilibrio familiar! Cuando un niño quiere practicar una actividad que pueda romper este equilibrio, hay que discutirlo con él e identificar la o las otras actividades que puede dejar.

Hay que procurar no ejercer demasiada presión en el niño, por ejemplo, con respecto a su desempeño deportivo. Cuando la actividad se convierte en una fuente de estrés, el niño sufrirá en vez de encontrar en ella una fuente de placer. En resumen, dejarle tiempo libre al niño es esencial para su desarrollo. Relajarse, leer un cómic o simplemente no hacer nada e incluso aburrirse, ¡es bueno para la salud mental!

¡La tirolina!

Nil y su mamá han cruzado con éxito todas las etapas del circuito vertical y, a veces, incluso a toda velocidad. Nil está rojo de emoción, muy orgulloso de haber logrado dominar su miedo y de haberlo hecho mejor que algunos niños más mayores que apenas se atrevían a poner un pie frente al otro. ¡Finalmente, llegó a la última etapa del circuito y ya está listo para la gran tirolina! A pesar del nudo en el estómago, se deja equipar tranquilamente por Tony, el monitor, bajo la atenta mirada de Iria.

¡Y aquí vamos! Lentamente, al principio, para luego ir cada vez más velozmente y ahora cae a toda velocidad por el cable de acero. Con los brazos extendidos, se imagina como un águila volando sobre Cataluña. Respira profundo y luego cierra los ojos. Es feliz.

Encuentre el resto de las pequeñas aventuras de la familia Duran en el próximo episodio.