Por una revolución de los derechos humanos

La Declaración de los Derechos Humanos cumple 75 años, pero el mundo está en crisis y estos derechos se ven amenazados en todas partes…

Derechos humano por futuro

El 10 de diciembre de 2023 se cumple el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento histórico que consagra los derechos inalienables que toda persona tiene en su condición de ser humano – Foto de Christian Lue en Unsplash

Por el equipo editorial – El 10 de diciembre de 1948 se proclamó en París la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Para sus redactores, este texto comprometía a toda la humanidad en un mundo nuevo y más fraternal. Tras una guerra que se había cobrado millones de vidas, tras el horror indecible del Holocausto, los 58 países miembros de las Naciones Unidas decidieron hacer de la defensa de los derechos humanos un valor cardinal.

¿Son estos derechos verdaderamente universales?

75 años después, el respeto de los derechos humanos ya no parece ser una prioridad. Las democracias son cada vez más reacias a promover estos derechos entre los regímenes autoritarios, mientras que estos últimos siguen violándolos impunemente, por la fuerza de su poder económico o militar… Y su influencia. Hace poco más de un año, varios países votaron en contra de una resolución del Consejo de Derechos Humanos para examinar la cuestión de la represión china de los Uigures. Hay que decir que, con unos 200 países reconocidos ahora por la ONU, frente a 58 en 1948, el equilibrio ha cambiado.

Sin embargo, no puede decirse que la Declaración Universal de los Derechos Humanos carezca de fuerza o inspiración. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Sería difícil cuestionar su primer artículo, por ejemplo. Sin embargo, cada vez son más las voces en todo el mundo que critican la Declaración y cuestionan su propia esencia.

Derechos atacados por todos lados

Cuando se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, se alcanzó una maravillosa utopía. Por primera vez se planteó la idea de establecer un orden jurídico internacional basado no sólo en los intereses de los Estados soberanos, sino también en los de los individuos, no en función de sus méritos, sino de lo que son.

Estamos llegando al final de un ciclo que ha visto la construcción, a través de las Naciones Unidas, de un proyecto de seguridad colectiva, de derecho internacional y de integración pacífica del mundo.  Como señaló recientemente el Secretario General de la ONU en la apertura de la 52ª sesión del Consejo de Derechos Humanos, «la Declaración Universal está amenazada por todas partes». Por primera vez en décadas, la pobreza extrema y el hambre van en aumento; la pandemia del COVID-19 ha provocado una pandemia de violaciones de los derechos civiles y políticos. Por no hablar del número récord de personas obligadas a huir de la violencia, los conflictos y las violaciones de sus derechos…

Cambio climático, cambio sistémico

Para algunos pensadores, la desigualdad económica, la injusticia, las violaciones de los derechos humanos de todo tipo y, por supuesto, el cambio climático son síntomas de una misma enfermedad asociada a patrones profundamente arraigados en el orden político y económico mundial, que actúan de forma concertada para producir estos resultados.

El cambio climático es precisamente la amenaza más grave para los derechos humanos en la actualidad, como reconoce la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. El aumento de las temperaturas tiene consecuencias negativas directas, como sequías, inundaciones, olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos. Estos cambios repercuten en todas las especies vivas y, por tanto, en algunos de los derechos humanos más fundamentales: el derecho a la vida, a la autodeterminación, a la salud, al desarrollo, a la alimentación, al agua, al saneamiento y a una vivienda adecuada.

Para contrarrestar estas pautas sistémicas, que afectan sobre todo a las comunidades e individuos más marginados y vulnerables, parece natural cuestionar un sistema económico mundial que distribuye injustamente las cargas entre poblaciones, regiones y países. Y una alternativa eficaz a este sistema debe incluir no sólo el fin de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también la protección de los derechos humanos para todos y todas.

Iniciativa Derechos Humanos 75

A través de su lema para 2023 «Libertad, igualdad y justicia para todos», la iniciativa Derechos Humanos 75 de las Naciones Unidas pretende promover un mayor conocimiento de la universalidad de la Declaración – Foto: Naciones Unidas, todos los derechos reservados

¿Es esto posible? Algunos creen que no sólo es posible, sino esencial. El Green New Deal es un ejemplo destacado de este pensamiento sistémico en Estados Unidos. El Green New Deal pretende movilizar todos los aspectos de la sociedad estadounidense a una escala nunca vista desde la Segunda Guerra Mundial para lograr cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y crear prosperidad económica para todos.

En Canadá, el Manifiesto LEAP imagina un país no sólo alimentado totalmente por energías renovables, sino en el que las oportunidades de la transición energética sirvan de trampolín para atajar todas las desigualdades raciales y de género, y hacer de la autoayuda y la protección del medio ambiente ámbitos clave del crecimiento económico.

Al otro lado del Atlántico, el Partido Verde Europeo quiere una Europa que no sólo promueva la ecologización de la economía, sino que también persiga la justicia social y generacional, la democracia inclusiva, el empoderamiento ciudadano, la diversidad, el Estado de Derecho, la paz internacional y los objetivos del desarrollo sostenible.

The leap manifesto

El manifiesto leap, «Un llamamiento a un Canadá basado en el cuidado de la Tierra y de los demás» – Imagen: Leapmanifesto.org, todos los derechos reservados

Un cambio que no se producirá sin nosotros

Cada uno de estos proyectos contempla una sociedad en la que el poder y sus beneficios se redistribuyan equitativamente, una sociedad en la que no sólo prevalezca el Estado de Derecho, sino también los ideales de equidad, fraternidad y promoción de los derechos humanos.

El ideal del cambio sistémico nos lleva más allá de los derechos individuales o de grupos específicos, hacia una sociedad en la que el poder y los beneficios se redistribuyan, una sociedad regida no sólo por el Estado de Derecho, sino también por ideales de equidad fundamental, incluidos los relativos al empleo, la educación y el acceso a la atención sanitaria, entre otros.

la Declaración Universal de los Derechos Humanos es garante de la dignidad inherente a todos los miembros de la especie humana y de la inalienabilidad de sus derechos.

Para resolver los problemas existentes, necesitamos respetar y defender el marco fundamental de un sistema internacional basado en el multilateralismo y la promoción de los derechos humanos. Sólo así podremos garantizar la libertad, la paz y la justicia en el mundo.

Además, también deberíamos avanzar hacia este ideal de cambio sistémico. Si tal visión es adoptada por una mayoría de países, podría incluso representar una nueva era política y una nueva era para los derechos humanos. Pero el cambio no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos. Todo es aún posible, pero requiere la voluntad y el compromiso activo de todos y cada uno de nosotros. ¡Juntos, por una revolución de los derechos humanos!