La mujer rural en Nicaragua

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En Nicaragua, las mujeres y las niñas rurales se enfrentan a limitaciones estructurales persistentes que les impiden acceder al pleno desarrollo de sus derechos humanos. Sin embargo, estas mujeres desempeñan un papel vital de apoyo a sus familias y comunidades para generar ingresos y mejorar sus condiciones de vida y bienestar general.

Rafael Guerrero, director de la Fundación Dianova Nicaragua, recoge el balance de estas dificultades antes de abordar, en otro artículo, las soluciones implementadas por Dianova, para y con estas mujeres.

Nicaragua actualmente tiene una población de más de 6.036.000 personas, con una población femenina mayoritaria de 3.055.000 lo que supone el 50,6% del total. Las mujeres urbanas representan el 52,5% del total de habitantes, mientras que el 48,6% están en las zonas rurales.

A pesar que en el país las mujeres representan a la mayoría de la población, las oportunidades de desarrollo están dirigidas más al sector masculino y existe una mayor prevalencia de sistemas de género discriminatorios; las mujeres rurales entre las edades de 15 a 19 años están percibidas para fundar familias, en su mayoría en este periodo de edad han tenido un promedio de 2,4 hijos y una de cada tres mujeres ha recibido violencia psicológica, física o sexual.

Los hogares en Nicaragua son en su mayoría de familias disfuncionales, donde 3 de cada 10 hogares están encabezados por una mujer y dos de éstas trabajan en el sector informal de baja productividad, debido a que las oportunidades de estudios no son directamente para la mujer, por ende una de cada cinco mujeres mayores de 10 años son aún analfabetas.

Uno de los problemas fundamentales a los que se enfrenta la población rural es la poca accesibilidad a una educación secundaria básica y es mucho menor el acceso a la educación técnica y esto no es solamente para la mujer rural sino también para los hombres.

Solo el 39% de las mujeres rurales tienen una educación primaria completa, el 7,4% una Secundaria completa, el 0,3% algún año aprobado en técnico superior y el 1,4% algún año aprobado en universidad. Los datos son negativos para las jóvenes rurales porque tienen menor grado de escolaridad y la tasa de analfabetismo es más alta, especialmente en el rango de edad de 26 a 35 años. Para la mayoría su escolaridad llega a la educación primaria.

Existen desigualdades de género donde se separa a las mujeres rurales jóvenes de los hombres rurales de su misma generación, de sus contemporáneas urbanas, de sus abuelas y madres rurales, y existen diferencias entre las mujeres rurales y las que viven en un hogar en situación de pobreza de aquellas que viven en hogares no pobres.

En la economía también existen aspectos desiguales, ya que las mujeres rurales tienen ingresos más bajos que los hombres, las ocupaciones remuneradas para las mujeres rurales representan una importante diferencia ya que muchas de las actividades que realizan no están bien pagadas, por ende tienen difícil acceso a los ingresos por remuneración. Las jóvenes de 26 años tienen pocas oportunidades, debido a la poca educación y a la baja disponibilidad de ofertas de trabajo; esto influye en el flujo migratorio de las mujeres rurales hacia los centros urbanos.

Las mujeres rurales que viven en extrema pobreza son las que poseen el capital humano más bajo, el contexto de vida es más difícil porque tienen poco acceso a los servicios básicos y sus vidas dependen significativamente de las actividades agrícolas y del ingreso dependiente. Sus ingresos anuales son más bajos al de los hombres.

Cabe mencionar que a pesar de todo el contexto hay muchos avances en las mujeres rurales del país; uno de los logros es que las mujeres rurales están en una mejor situación que sus madres y sus abuelas, el analfabetismo de las generaciones pasadas se ha ido superando por las generaciones actuales, ya que en su mayoría logran culminar sus estudios primarios. Asimismo, las jóvenes han cambiado significativamente su estado civil y muchas poseen familias con menor número de hijos e hijas, ya que en años anteriores la tasa de fecundidad era de 4,6 hijos por mujer rural.

La vida de las mujeres frente a sus pares hombres está en desventaja en el ámbito económico y muestran diferencias en cuanto a vida familiar y reproductiva, aunque están mejor en términos educativos. Su contexto de vida rural es más difícil, tienen menor acceso a servicios, menores vínculos con el Estado y menor logro educativo. Un dato positivo es que, han mejorado en educación en comparación con sus generaciones anteriores.

La mujer rural en Nicaragua

https://www.youtube.com/watch?v= eRNoMbzA6gY