Fomentar la confianza y la autoestima de su hijo/a

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Si durante la adolescencia se adoptan comportamientos de riesgo se pueden evidenciar escasas habilidades de vida y una baja autoestima

Lo único imposible es aquello que no intentamos

a autoestima no puede ser transmitida por los padres y madres del mismo modo que se transmiten los ojos azules o el color de piel; la construye la niña/o, día tras día, con la ayuda de los padres y madres.

La adolescencia es una época especial en nuestras vidas. Ya no somos niños o niñas, pero aún no somos adulto/as. Es durante esta etapa crítica cuando la persona se desprende de la infancia para convertirse en otra persona. Es el periodo en el que se cuestionan los antiguos puntos de referencia en relación con la propia familia y se construyen nuevos valores.

Cuando un adolescente sufre

Este proceso natural de individualización también puede estar asociado al sufrimiento y al conflicto, y por tanto dar lugar a comportamientos especialmente arriesgados. Estos comportamientos están vinculados a la búsqueda de independencia y autonomía, pero también son una forma ambivalente de pedir ayuda. Sin embargo, debemos recordar que estos comportamientos nunca son inofensivos y que pueden tener consecuencias desastrosas.

La autoestima: un factor de protección

Los y las adolescentes que tienen comportamientos de alto riesgo suelen tener habilidades psicosociales poco desarrolladas y una baja autoestima. Estos comportamientos incluyen principalmente el abuso de sustancias, la violencia autodirigida y el comportamiento sexual de riesgo.

Por supuesto, se trata de generalidades: una buena imagen de sí mismo/a no es un escudo protector infalible contra los comportamientos de riesgo. Sin embargo, quienes tienen una buena opinión de sí mismos/as suelen tomar mejores decisiones en la vida, incluso en la adolescencia. También son más resistentes y están mejor preparados/as para afrontar las dificultades.

La autoestima se construye desde la infancia, gracias a la familia.

Fomentar la autoestima y la de los demás, desde la infancia

La autoestima no puede ser transmitida por los padres y madres del mismo modo que se transmiten los ojos azules o el color de piel; la construye la niña/o, día tras día, con la ayuda de los padres y madres. Hay un dicho que dice que una buena educación da a un niño/a raíces para crecer y alas para volar. Es cierto, un niño/a necesita los sólidos cimientos de su familia, así como la confianza en sí mismo/a para dejarla algún día, ¡quizás para empezar una nueva!

Una parte esencial de este proceso es ayudar a nuestros hijos e hijas a desarrollar su autoestima, es decir, la confianza en su capacidad para afrontar los numerosos retos de la vida y la sensación de que tienen derecho a la felicidad. Tener autoestima es tener confianza en nuestra propia valía, confianza en nuestro derecho a ser tratado/a con respeto y simpatía.

La mirada del adulto

Para que un niño o una niña desarrolle una buena imagen de sí mismo/a, es fundamental la mirada atenta y confiada de personas adultas significativas. Si tratas a tu hijo/a con respeto y amor y le aceptas tal y como es, creas un contexto que le permite interiorizar estos mensajes. Poco a poco, esto le permitirá desarrollar el sentido de su propio valor intrínseco y el de los demás.

También hay que respetar la necesidad del niño y del a niña de hacer las cosas por sí mismo/a, a veces equivocándose, porque esto forma parte del proceso de aprendizaje. Hay que evitar intervenir cada vez que tiene un problema, es incluso contraproducente. Las dificultades son inherentes al proceso y superarlas solo es esencial para su desarrollo.

La medida correcta

Fomentar una buena autoestima significa dar a tu hijo/a una visión realista de sus capacidades y su valor. Ni mucho ni poco. Tratar a tu hijo/a como la «octava maravilla del mundo» y dejarle hacer lo que quiera no le hace ningún favor.

De hecho, un exceso de autoestima puede ser tan perjudicial como lo contrario. Los problemas de violencia escolar y bullying están más relacionados a un problema de autoestima demasiada alta e irrealista que a una falta de autoestima. Ante las frustraciones vinculadas a expectativas poco realistas, las personas con una opinión demasiado elevada de sí mismas son más propensas a mostrar actitudes violentas.

¡La prevención de las adicciones y otros comportamientos de riesgo empieza en la familia!

Visita la campaña #PreventionStartsInFamilies

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