¿Es la adicción una enfermedad?

Sí, por lo que es necesario que haya paridad de tratamiento (y financiación) entre los servicios de adicción y otros servicios «biológicos» de salud

Drogas y cerebro

Bajo el efecto de las drogas, el cerebro se vuelve incapaz de producir naturalmente suficiente cantidad de estos mensajeros químicos que son los neurotransmisores. Como resultado, el cerebro se vuelve más o menos insensible a las fuentes de placer más habituales

Por Pierre Bremond – Hace unos veinte años, seguí un curso universitario sobre intervención en el ámbito de las adicciones. Después de dos años de trabajo y algunos encuentros con destacados profesores, aprendí que los comportamientos adictivos están determinados por un conjunto de causas que tienen que ver con la vulnerabilidad o los factores de protección de cada individuo, factores ambientales y, por fin, factores relacionados con los productos consumidos.

Por citar a un psiquiatra francés, la adicción resulta, antes de todo, del «encuentro entre un producto (o comportamiento) y un individuo en un momento sociocultural determinado».

En esta tríada, la noción de enfermedad no tenía, en mi opinión, nada que ver. Después de todo, nadie elige enfermarse. La enfermedad se impone a nosotros. Te enfermas, sin haberlo querido. Un virus entra en nuestro cuerpo, nuestro organismo está fuera de control, nuestros genes son los responsables, o bien «es culpa del destino». Por otro lado, siempre es una persona consciente la que toma la iniciativa de usar una sustancia o de jugar. A pesar de que se convierta en una adicción, esta es la consecuencia de su elección, aunque la adicción ahora le quite la capacidad de elegir.

Estos dos años me hicieron desconfiar de la profesión médica y de la industria farmacéutica, debido a una clara tendencia a patologizar (y por lo tanto curar) todo comportamiento humano que está un poco fuera de la norma. Piense en la exagerada popularidad de los psicoestimulantes para tratar a los niños con déficit de atención o problemas de comportamiento. ¡Gracias Ritalin!

(Una rápida mirada a) la ciencia de la adicción

Uno de los cursos más deprimentes de estos años de estudio fue una introducción al conductismo. Incluso toqué fondo cuando me llevaron a la conclusión de que el libre albedrío era sólo una ilusión. Me equivoqué, por supuesto. Con nuestra enorme corteza prefrontal, los humanos tenemos la capacidad (libertad) de elegir una respuesta diferente a la que, digamos, elegiría un ratón en un experimento de castigo y recompensa.

 

Hoy en día, las investigaciones han demostrado que la incapacidad de una persona adicta para abstenerse del alcohol o de otras drogas – o de jugar a  juegos de azar – está principalmente relacionada con una disfunción de la corteza prefrontal. Esta es la parte de nuestro cerebro responsable de lo que los científicos llaman funciones ejecutivas, es decir las funciones asociadas con todo lo que nos hace humanos, sea manejar el tiempo y el espacio, evaluar nuestro entorno, aplazar una recompensa o expresar nuestra personalidad.

En las personas con estos problemas, la dificultad está relacionada con la respuesta del cerebro frente al estrés, cuando se le priva de su comportamiento o de su droga favorita. Esta respuesta se expresa más a menudo en forma de emociones profundamente negativas o incluso un sentimiento de total desesperanza.

‘Craving’ y desencadenantes

En este caso, la posible presencia de determinados «desencadenantes» (es decir, estímulos ambientales reforzados por años de adicción) refuerza el «craving», es decir, el deseo imperioso e irrefrenable de consumir sustancias o jugar: por ejemplo, el olor a cerveza a la vuelta de la esquina, un anuncio de un casino, el banco público donde el camello está esperando.

El alcohol y otras drogas (heroína, cocaína, éxtasis, cannabis, ansiolíticos e incluso tabaco) actúan de la misma manera en el cerebro. Aumentan el nivel de dopamina (principalmente, pero también otros neurotransmisores) en el sistema de recompensa, creando una sensación de placer que puede convertirse en una adicción.

El problema es que el cerebro se vuelve incapaz de producir naturalmente suficiente cantidad de estos mensajeros químicos que son los neurotransmisores. Como resultado, el cerebro se vuelve más o menos insensible a las fuentes de placer más habituales. Pasear por el bosque con tu perro, ver una puesta de sol, tomarte de la mano con tu amante, charlar con un querido amigo… Para la persona, estos placeres ya no importan. Nada más importa que el objeto de su adicción.

Superar una adicción

La adicción causa cambios químicos, estructurales y moleculares que literalmente tienen a nuestro cerebro como rehén. La buena noticia es que este proceso es perfectamente reversible y la mayoría de las veces sin efectos secundarios (para el cerebro). Contrariamente a la creencia popular, no todas las drogas son asesinas en serie de las neuronas – de hecho, LA droga por excelencia, la heroína, tiene una neurotoxicidad mucho menor que el alcohol.

La mala noticia es que este proceso requiere un largo camino hacia la rehabilitación, mayormente plagado de momentos de duda y a veces de recaídas.

He trabajado con muchas personas que han logrado deshacerse de su adicción (al menos temporalmente). Sin embargo, la mayoría de ellos todavía afirmaban que no tenían ganas por nada, que no querían nada y no estaban interesados en nada. Esto es normal. La desintoxicación (e incluso los meses que siguen) es sin duda una etapa difícil, pero es sólo una pequeña parte del proceso de rehabilitación. Su verdadero objetivo es finalmente volver a aprender a disfrutar de los placeres normales de la vida.

Paridad y lucha contra el estigma

La Sociedad Americana de Medicina de Adicción (ASAM) define la adicción como una enfermedad crónica y tratable que implica complejas interacciones entre los circuitos cerebrales, la genética, el entorno y las experiencias de vida de un individuo. Las personas con adicción consumen sustancias o adoptan comportamientos que se vuelven compulsivos, y a menudo siguen haciéndolo a pesar de sus consecuencias perjudiciales (definición revisada en 2019).

 

También es una buena forma de luchar contra la estigmatización de los consumidores de drogas y alcohol. ¡No, las personas con un trastorno de uso de sustancias u otra adicción no son débiles, inmorales, o sólo quieren divertirse a expensas de la sociedad!

Por último, el hecho de que la biología participe en sus problemas también puede ayudar a aliviar la autoestigmatización que estas personas suelen infligirse a sí mismas, con mucha culpa y odio hacia sí mismas.

Sí, la adicción es una enfermedad, pero…

La nueva definición de ASAM hace hincapié en la importancia del entorno y las experiencias vividas en el desarrollo de una adicción. Esto es algo bueno, porque para entender realmente las raíces de la adicción, necesitamos salir del campo médico para entrar en el campo psicosocial.

La persona con una adicción ya no es simplemente un objeto de cuidado, sino un sujeto que habla, piensa y decide. La adicción tiene una relación directa con dificultades específicas que está encontrando en sus relaciones consigo mismo o con los demás. La adicción es sin duda una enfermedad, pero lejos de ser una fatalidad fisiológica, genética u hormonal, la adicción forma parte de una dimensión física y psicológica específica para cada persona.