Sí, ¡el estigma contra las personas mayores existe!

Los prejuicios y los estereotipos negativos desempeñan un papel fundamental en el ejercicio de la violencia, el maltrato y el abandono de las personas mayores

Señora mayor

A medida que las personas envejecen, a menudo sufren estigmatización y discriminación relacionadas con su envejecimiento; además, con frecuencia se las describe como cargas reales o potenciales para sus familias o para la sociedad en su conjunto – Foto de Mario Heller en Unsplash –  Foto de arriba: adaptada de Danie Franco en Unsplash

Por el equipo editorial – El 15 de junio, el Día Mundial de Concienciación sobre el Maltrato a las Personas Mayores puso de relieve el impacto desproporcionado de las catástrofes naturales, los conflictos y las pandemias sobre las personas mayores.

Muchas personas mayores se enfrentan a múltiples vulnerabilidades, como problemas de movilidad, salud crónica o aislamiento social. Durante los conflictos armados o las catástrofes naturales, es probable que estos factores dificulten su capacidad para obtener ayuda o recibir atención médica a tiempo. El estrés y el caos asociados a estas emergencias también pueden aumentar el riesgo de abusos.

Malos tratos y discriminación contra las personas mayores

Las situaciones de malos tratos o simplemente de trato diferenciado en función de la edad de una persona no sólo surgen durante conflictos o catástrofes de todo tipo. La violencia contra las personas mayores ya está muy extendida en todo el mundo. Sin embargo, a medida que la población mundial envejece – se calcula que una de cada seis personas tendrá 65 años o más en 2050 – estas situaciones de violencia solo podrán empeorar, sobre todo en los países con un envejecimiento más rápido de la población.

Pero ¿qué es el maltrato a las personas mayores? Según la definición de la OMS, consiste en «una acción única o repetida, o la falta de la respuesta apropiada, que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza y la cual produzca daño o angustia a una persona anciana». Tales actos incluyen la violencia física, sexual, psicológica o moral; el abuso material y financiero; el abandono; la falta de cuidados; y la pérdida grave de dignidad y respeto. Por último, el acto en cuestión puede ser activo o pasivo, cometido por personas, instituciones o la propia sociedad.

Sin embargo, la definición de la OMS no abarca todos los aspectos del maltrato a las personas mayores en sentido amplio. De hecho, definir el maltrato únicamente en términos de una relación de confianza – o supuesta confianza – con una persona mayor excluye el maltrato de todo tipo cometido por extraños. Por ejemplo, durante la pandemia de COVID-19, muchas personas hablaban despectivamente de las personas mayores como «las únicas que deberían estar confinados en sus casas», por no mencionar el hashtag «boomer remover», y el maltrato institucional que se ejerció aislando a las personas mayores en instituciones geriátricas con ínfimos recursos y los fallecimientos en soledad lejos de las familias, todo esto tienen un nombre y se llama edadismo.

El edadismo, principal causa del maltrato a los mayores y de los prejuicios

Los estereotipos y los prejuicios también pueden provocar violencia, malos tratos y abandono de las personas mayores. Una de las causas de dichos prejuicios es el edadismo. Según un informe del Experto independiente (2023) encargado de promover el ejercicio de los derechos humanos por las personas mayores, el edadismo es un factor de riesgo importante en el maltrato de las personas mayores.

Pero, ¿qué es el edadismo? El edadismo es a la edad lo que el racismo es a las «razas». El edadismo se refiere a los estereotipos, los prejuicios negativos, la estigmatización y las prácticas discriminatorias contra las personas por razón de su edad. El edadismo afecta a los jóvenes como a las personas mayores, pero puede tener consecuencias especialmente perjudiciales para estas últimas. Los estereotipos y prejuicios asociados al edadismo no sólo pueden dar lugar a las situaciones que hemos visto, sino que también pueden ser interiorizados por las personas mayores y dar lugar a problemas de ansiedad y estrés, con la consiguiente pérdida de confianza en sí mismas y una menor calidad de vida. Por último, limitan la capacidad de las personas mayores para acceder a servicios adecuados de atención y apoyo, especialmente en el ámbito de las adicciones.

Por último, cabe destacar que la intersección de la edad y otros factores de discriminación entre las personas mayores aumenta el riesgo de que sean víctimas de malos tratos.

Los estereotipos y prejuicios vinculados en particular al sexo, el origen étnico, la situación migratoria, la discapacidad o la identidad de género multiplican los obstáculos para quienes ya tienen dificultades para acceder a los servicios esenciales.

Adicciones entre las personas mayores

Aunque el consumo de drogas ilícitas tiende a disminuir con la edad, las adicciones son una realidad entre las personas mayores, aunque a menudo adopten formas diferentes a las de los más jóvenes. Sin embargo, entre las personas mayores, estos problemas suelen ser invisibles, y muy pocos servicios de adicciones se dedican específicamente a ellos.

Con el desarrollo de enfermedades crónicas relacionadas con la edad, a los ancianos se les recetan más fármacos que a otros grupos de edad, lo que se traduce en una mayor exposición a drogas potencialmente adictivas. Por ejemplo, el uso de opioides para el dolor persistente es mayor entre los ancianos que entre otros grupos de edad de la población general (en EE.UU. las prescripciones de opiáceos en esta población se multiplicaron por nueve entre 1995 y 2010). También existe una clara sobremedicalización de esta población, sobre todo entre las mujeres mayores de 65 años.

Hacia una sociedad inclusiva

El edadismo impregna la cultura occidental y los prejuicios, estereotipos y falsas creencias sobre las personas mayores son legión, incluida la visión infantilizadora que muchas personas tienen de los y las ancianos/as. También se da una paradoja: por un lado, el discurso político suele presentar el envejecimiento de la población como una carga para la sociedad, o incluso como una amenaza existencial, sin embargo, las voces de las personas mayores rara vez son escuchadas y tampoco se tienen en cuenta como los potentes agentes de cambio y progreso social que son.

Es hora de cambiar de paradigma. Los mayores no son una carga para la sociedad. Al contrario, son miembros inestimables de nuestras comunidades. Son una fuente de experiencia, sabiduría y transmisión generacional; contribuyen a la vitalidad de la economía y a la calidad de los lazos familiares.

Comprometámonos a construir una sociedad inclusiva, ¡para todas las personas de todas las edades!