SPYM, India

«No podía vivir sin alcohol»

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Tras pasar por un matrimonio infantil, Bhavna se fugó con otro hombre antes de enfrentar alcoholismo. Luchó contra la adicción durante años antes de llevar una vida satisfactoria con sus hijos en la India

Centro Spym

El consumo de alcohol estaba perjudicando mi cuerpo y mi alma. Me sentía destrozada. Cuando estaba sobria, no quería volver a beber. Pero poco después, sentía tal ansia que no quería nada más que mi ‘desi tharra’, mi bebida – imagen: SPYM/Dianova, licencia CC

Testimonio: Me llamo Bhavna. La vida, como se suele decir, puede ser complicada y el deseo de aumentar las posibilidades de tener una vida mejor a veces puede llevarte a tomar malas decisiones. En su día fui una chica joven, llena de aspiraciones y deseos. A diferencia de la vida que llevo actualmente, fue un período de felicidad. Solía ir al colegio y estudiar, pero me obligaron a abandonar los estudios para casarme. Entregaron mi mano y mi vida a un completo desconocido. Tenía 14 años.

Mi vida tomó un rumbo completamente diferente después del matrimonio, ya que las funciones y responsabilidades de llevar un hogar y de cuidar de la familia recayeron sobre mí. Después de un año de matrimonio, tuve un hijo. Pasaba todo el tiempo cuidando de él. Al cabo de tres años, di a luz a una niña. Éramos una familia feliz y llena de afecto a pesar del matrimonio concertado.

Mis hijos, que solían pasar casi todo el tiempo conmigo, comenzaron a ir a la escuela. Pasaba mucho tiempo sola porque mi marido tenía que ir a trabajar. Yo aún era muy joven y no tenía vida. El único momento que disfrutaba era cuando veía caras nuevas. En la monotonía de mi vida, encontrar y saludar a la gente que vivía en mi calle se convirtió en mi única evasión.

Más adelante, conocí a otro hombre llamado Ramesh. Tras varios días de asentir con la cabeza y sonreírnos, estrechamos lazos. La situación se intensificó rápidamente, hasta el punto en que fantaseábamos con lo que podrían ser nuestras vidas. Y, ¿por qué no podían ser como en nuestros sueños? Allí estaba ese hombre interesado en mí y luego estaba mi marido, al cual yo no elegí. Ramesh me prometió que me llevaría a Delhi si dejaba a mi marido y me casaba con él. Fantaseábamos con una vida mejor, una vida que pudiera vivir plenamente.

Mi lucha contra la adicción al alcohol

El 11 de noviembre de 2004 abandoné mi hogar junto con mis dos niños y me fui a Delhi. Ramesh y yo nos casamos en un templo. Esperaba poder tener una vida mejor y no pensé en las consecuencias. Pero ¿quién piensa en las consecuencias cuando alguien llama a tu puerta, alguien que está realmente interesado en ti y dispuesto a ayudarte a escapar de una vida que ya no puedes soportar? En aquel momento, era esperanza. Y yo me aferré a ella.

De todos modos, en aquel entonces parecía un plan. Así que huimos y nos casamos. La «vida» finalmente empezaba, aunque no teníamos un lugar donde vivir. Nos quedamos en un albergue durante unos días. No podíamos encontrar una vivienda para alquilar porque Ramesh no ganaba mucho. Como nos estaba costando trabajo encontrar un hogar, tuve que llevar a mi hijo a una institución de cuidado infantil para una estancia de larga duración. Y para empeorar las cosas, mi anterior marido descubrió dónde estábamos y un día entró por la fuerza en el albergue en el que nos quedábamos y se llevó a mi hija de vuelta al pueblo.

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Durante los siguientes diez años, tuve otros cuatro hijos. Pero vivía en condiciones cada vez peores, siempre estresada e incapaz de llegar a fin de mes. Poco a poco, caí en la adicción. Empezó con un sorbo y en poco tiempo me bebía toda la botella. En aquel entonces, era incapaz de vivir sin alcohol. Beber me daba una sensación de satisfacción. Tal vez era el hecho de que no tenía que enfrentarme a mi situación. De un escape a otro, simplemente no quería aceptar la realidad.

El consumo de alcohol estaba perjudicando mi cuerpo y mi alma. Me sentía destrozada. Cuando estaba sobria, no quería volver a beber. Pero poco después, sentía tal ansia que no quería nada más que mi desi tharra, mi bebida. Encontraba mi paz y mi refugio en el fondo de la botella. Quería parar, pero no podía.

La admisión al centro de desintoxicación SPYM, Pardabagh

Estaba familiarizada con el trabajo de SPYM porque mi hermana trabajaba allí. Sabía que era el tipo de ayuda que necesitaba. No otro hombre, no más alcohol. Sentía que esta organización podría ayudarme a recuperar mi salud y a cambiar mi estilo de vida. Me costó mucho decidirme a buscar ayuda debido a mi grave dependencia. Fueron mi hermana y los consejeros de SPYM quienes me ayudaron y me aconsejaron que buscara tratamiento. Me admitieron junto con mis dos hijas. Mis otros hijos fueron enviados a una institución de cuidado infantil para una estancia de larga duración.

Los primeros días fueron difíciles porque no había alcohol ni ninguna otra droga. Estuve en el centro durante unos seis meses. Durante ese período, aprendí varias cosas como habilidades para la vida, alfabetización básica, educación sexual e higiene menstrual, por mencionar algunas. Gracias a las sesiones de asesoramiento, llegué a conocerme mejor y pude explorar las razones que me impulsaron a consumir drogas. En general, me pareció una experiencia positiva, pero aún no me había recuperado del todo.

Al salir del centro, traté de poner todo mi empeño en evitar el alcohol por completo. Una o dos veces, pude controlarme durante más de un mes, pero al final volví a mis hábitos anteriores y al mismo círculo vicioso.

 

Me llevó tres meses, pero terminé el programa de tratamiento y ahora me siento mejor. Como mi marido tiene un lugar permanente donde vivir, mis hijas y yo hemos vuelto para compartir nuestras vidas con él. Más fuerte y mejor equipada para lidiar con las luchas diarias y conmigo misma, ahora me siento más consciente y estoy inmensamente agradecida por mi vida y la de mis hijos.

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