¡La adicción no distingue entre hombres y mujeres!

La sociedad piensa que una mujer que tiene un trastorno de uso de sustancias automáticamente es una mala madre. Debemos cambiar esta percepción

Portrait of Adele Bloch Bauer

Todos sabemos que las discriminaciones de género están a la orden del día en diferentes ámbitos, pero cuando se trata de mujeres con problemas de dependencia de sustancias el estigma es aún mayor – Ilustración: Portrait of Adele Bloch Bauer by Gustav Klimt (detail), licence CC

Testimonios – «Ahora estoy mejor, estoy en la fase de reinserción de mi programa, veo a mis hijos y estoy encontrando de nuevo mi equilibrio, estoy tranquila. Pero no siempre ha sido así: ser mujer, madre y tener problemas de dependencia de sustancias es difícil aunque estemos en 2019.

«He vivido muchas situaciones complicadas, aunque en esos momentos no me daba cuenta, ahora, analizándolo en retrospectiva, sé que he vivido varias injusticias.

«Por ejemplo, recuerdo un episodio de hace algunos años en el que fui discriminada en mi lugar de trabajo por ser mujer.

«Tenía 25 años y acababa de finalizar mi primer período de rehabilitación en una comunidad, había encontrado trabajo como viverista de flores, había dejado de consumir sustancias y estaba feliz por lo que estaba logrando. Pero después de un año mi empleador se enteró de mi pasado: no me preocupé, era puntual, trabajaba bien y no utilizaba sustancias ni en el trabajo ni en casa y, en cambio, algunos de mis compañeros no se comportaban correctamente. Yo no me avergonzaba de lo que había vivido.

«Pero en el plazo de un mes mi jefe encontró la manera de despedirme: “No eres confiable, eras una drogadicta, ¿quién me garantiza que no lo volverás a hacer quizás incluso mientras trabajas?”, me dijo. Por otra parte, mi compañero, un hombre con 10 años más de experiencia, fue promocionado: él, que no solo tenía un problema de adicción, sino que utilizaba sustancias en el trabajo, en el baño, en las pausas.

«Yo fui despedida sin previo aviso, él fue promocionado».

Lamentablemente todos sabemos que las discriminaciones de género están a la orden del día en diferentes ámbitos, pero cuando se trata de mujeres con problemas de dependencia de sustancias el estigma es aún mayor. El testimonio de Greta nos brinda un retrato de la sociedad de hoy, donde incluso en el puesto de trabajo una mujer que está tratando de reescribir su propia historia después de haber superado un problema de dependencia es castigada en vez de ser apoyada.

 

Rita nos cuenta una anécdota: «La sociedad piensa que una mujer que tiene un problema de dependencia de sustancias automáticamente es una mala madre.  Aún recuerdo cuando, una vez finalizado mi período en la comunidad, volví a mi pueblo con mi familia: mi compañero de entonces y yo habíamos tenido problemas con las sustancias, ambos habíamos salido de esto, habíamos vuelto a casa con nuestros hijos y habíamos encontrado trabajo. Cuando me veían jugando en el parque con mis niños, escuchaba comentarios como “pero qué madre degenerada, quién sabe por lo que habrán pasado esos pobres niños”, mientras que por otro lado felicitaban a mi compañero por “haberlo logrado” y haber retomado las riendas de su vida. Me preguntaba por qué esta diferencia, para los demás, tanto él como yo éramos padres, ambos habíamos tenido un momento de dificultad y ambos lo habíamos superado trabajando en nosotros mismos: ¿por qué yo era una mala madre mientras a él lo elogiaban?»

 

Mala madre, trabajadora no confiable son prejuicios unilaterales que afectan solo a las mujeres, que lamentablemente muy a menudo son juzgadas en diferentes ámbitos porque tienen un problema de dependencia de sustancias. Esta estigmatización no hace más que crear muros detrás de los cuales muchas mujeres se siguen escondiendo por miedo a ser juzgadas en un momento de fragilidad de sus vidas.

 

La adicción no distingue entre hombres y mujeres, pero para la sociedad a menudo no es así. Debemos cambiar esta percepción, sobre todo para garantizar que todas las mujeres que están viviendo un momento de dificultad en sus vidas puedan pedir ayuda sin temor a las consecuencias.