La cuestión del cannabis

Marijuana plantEntre todas las drogas actualmente ilegales, el tema de la legalización del cannabis es el que suscita mayor controversia y levanta más pasiones, y a menudo viene cargado por una buena dosis de ideología de un bando o de otro. La cuestión de la peligrosidad del cannabis está en el centro del debate sobre la liberalización, por lo que cualquier persona que desee hacerse una opinión objetiva sobre el asunto debería ser capaz de confiar en el conocimiento científico. Por desgracia, es preciso reconocer que abundan las discrepancias de un estudio a otro, mientras que los partidarios o adversarios de la liberalización no dudan en sacar de estos estudios conclusiones prematuras.

El cannabis es probablemente la sustancia más avanzada en el camino de una liberalización regulada, por varias razones: es una sustancia percibida como menos peligrosa que los otras; es una planta fácilmente cultivable; y finalmente porque varios estados o países ya han dado el paso y abandonaron la política de represión/ criminalización en vigor en casi todos los países del mundo, a favor de la descriminalización (Portugal) o legalización regulada (estados de Colorado y Washington, Uruguay, Holanda). Además, desde el principio de los años 2000, varios países, entre ellos Canadá, han comenzado a distinguir el uso médico del  uso recreativo de cannabis.

Según el Informe Mundial sobre las Drogas de la ONUDD, se estima que en 2012 entre 125 millones y 227 millones de personas consumieron cannabis, lo que supone entre el 2,7 y 4,9% de la población mundial que tiene entre 15 y 64 años (6). El mercado del cannabis (hierba y resina) sigue creciendo; es la primera sustancia de abuso en dos tercios de los países, entre 2006 y 2010 ha habido un aumento significativo de las hospitalizaciones relacionadas con el cannabis (59%), así como de las admisiones en tratamiento que han aumentado un 14%.

Cannabis y represión

El cannabis está prohibido en casi todos los países, o al menos lo estaba hasta hace poco tiempo. Desde 1961, el cannabis y sus derivados se incluyen en la plantilla 1 de la Convención Única, es decir un estupefaciente «con un riesgo importante de abuso», al igual del opio o la cocaína. De hecho, el uso y la posesión de cannabis han sido criminalizados en la mayoría de países.

Hoy en día, más y más voces cuestionan estas leyes que, al parecer, causan mucho más daños que beneficios. En Estados Unidos y otros países, el simple hecho de fumar un porro de cannabis puede resultar en una sentencia de cárcel. Además, aunque las condenas generalmente no llegan al encarcelamiento, las consecuencias para la vida de las personas  pueden ser devastadoras: revocación de una licencia profesional,  imposibilidad de obtener un seguro o hipoteca o de acceder a empleos públicos, pérdida del derecho de voto, etc.

Concentración en THC

A menudo se dice, por parte de la policía, las autoridades e incluso los usuarios, que el cannabis consumido  actualmente contiene hasta treinta veces más el principio activo, el THC (tetrahydrocannabinol) que en los años 70 en la época del Flower Power, lo que explicaría el aumento de los daños causados por el cannabis, especialmente entre los jóvenes.

En realidad, los pocos estudios realizados (1) sobre el tema muestran que si efectivamente la dosificación en THC ha aumentado, pero en un promedio mucho menos elevado (según los estudios el cannabis habría pasado de una concentración de 1,2% al 4,2 hasta el 6,3%). En cambio, lo que realmente ha cambiado es la preferencia de los usuarios, sobre todo entre los jóvenes, por las sumidades floridas (las “cabezas” de la planta). Estas tienen una concentración en THC es mucho más elevado que las hojas. Del mismo modo, el uso extendido de la pipa de agua en algunos países, o “bong”, de nuevo y en particular entre los jóvenes, aumenta la captura de la sustancia activa en cada inhalación (2).

Consecuencias del consumo de cannabis

Salud Física

La evaluación de los efectos que produce el cannabis en la salud es problemática por varias razones: es una sustancia ilegal cuyo consumo se puede ocultar; la droga se fuma a menudo mezclada con el tabaco; el consumo de cannabis está a veces asociado con estilos de vida que pueden influir en la aparición de varias patologías; y por último, por razones económicas la droga está a menudo adulterada junto con otras sustancias potencialmente aún más dañinas. Estas dificultades pueden ser una fuente de discrepancias entre los estudios, dependiendo del grado de integración de estos factores.

La investigación epidemiológica no proporciona una respuesta definitiva acerca de los peligros de la exposición al humo de cannabis a largo plazo, sobre todo en relación con el riesgo de cáncer. Lo que sin embargo ha sido demostrado es lo siguiente:

  1. Como por cualquier combustión de materia orgánica, el humo del cannabis contiene sustancias cancerígenas, sin embargo, el efecto carcinógeno del humo del tabaco no puede aplicarse como tal a la de cannabis;
  2. Un consumo importante puede causar patologías de las vías respiratorias;
  3. El riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias parece aumentado por la manera particular de consumir cannabis habitualmente: sin filtro, inhalaciones profundas y retención prolongada del humo en los pulmones.

Desarrollo intelectual y emocional de los jóvenes

Las patologías físicas relacionadas con el cannabis son complicaciones poco frecuentes, sin embargo las consecuencias cotidianas del consumo de cannabis son especialmente perjudiciales para los consumidores más jóvenes. Hacia el comienzo de la adolescencia (entre los 12 y 14 años), el consumo de cannabis se asocia frecuentemente con un bajo rendimiento escolar, altos niveles de absentismo, el abandono escolar precoz, así como parece que existe una correlación entre consumo de cannabis y alteración del desarrollo emocional. Además, las investigaciones indican que un uso reiterado de cannabis está asociado con un declive de los procesos cognitivos y una disminución significativa del coeficiente intelectual. Sin embargo, no hay evidencia definitiva sobre el carácter irreversible o no de este deterioro cognitivo.

Salud mental

La investigación ha demostrado que las personas con problemas de salud mental (ansiedad, depresión o psicosis) tienen más probabilidades de ser consumidores de cannabis o de haber consumido antes durante largos periodos de tiempo. El uso regular de cannabis duplica el riesgo de presentar un episodio psicótico o de desarrollar esquizofrenia. La investigación sugiere un fuerte vínculo entre el consumo precoz de cannabis y los problemas de salud mental (esquizofrenia o trastorno bipolar) ulteriores en las personas genéticamente vulnerables, especialmente en los adolescentes.

Violencia y agresión

Las personas que consumen cannabis desde una edad temprana tienen mayor riesgo de desarrollar problemas de  violencia y/o delincuencia, sin embargo, la investigación no ha determinado si eso se debe al hecho de que las personas con estas tendencias (violencia y otros problemas psicosociales) son también más propensas a consumir cannabis. Además, el contexto ilegal en lo que los individuos se procuran el cannabis parece aumentar el riesgo de violencia.

Dependencia física y psicológica

Durante mucho tiempo se estimó que el cannabis no era una sustancia adictiva porque los usuarios no presentaban los síntomas asociados por ejemplo con la abstinencia de alcohol u opiáceos. Contrariamente a estas creencias, la investigación experimental ha demostrado que un importante uso de cannabis puede producir un síndrome de abstinencia física y psicológica similar a la del tabaco, pero de menor magnitud que la de otras drogas, tales como alcohol o la heroína.

Usos terapéuticos del cannabis

Marijuana State-issued cardEl uso del cannabis con fines médicos tiene una larga historia en Asia, India y el Medio Oriente. La primera mención del uso medicinal del cannabis proviene de la antigua China, hace casi 5.000 años. Poco a poco, las propiedades terapéuticas del cannabis se redescubrieron por occidente: durante el siglo XIX, varios artículos fueron publicados en Europa y el cannabis apareció en la farmacopea oficial de los EE.UU. En 1851 como un sedante, analgésico y antiespasmódico. Permaneció en venta hasta el advenimiento de las leyes prohibicionistas de los años 30.

Desde la década de 1990, el cannabis y sus derivados han atraído el interés creciente de los laboratorios. Entre 2000 y 2007, se han publicado más de 9.000 artículos científicos, una cifra que se ha aumentado más que el doble en diez años. Estos estudios sugieren ciertas propiedades del cannabis medicinal, especialmente para aliviar los efectos secundarios de las quimioterapias, para los pacientes con SIDA, sino también por sus propiedades antiespasmódicas, anti-eméticas, y de estimulación del apetito (3).

Sin embargo, se recomienda tomarlo bajo varias formas no fumadas, para evitar la toxicidad relacionada con la combustión de la sustancia: fármaco (dronabinol – Marinol®), inhalación por vaporización, té de hierbas, o aerosol bucal entre otras formas.

Conclusión

Esta breve revisión de la literatura muestra que el cannabis está lejos de ser una sustancia inocua como es a menudo descrita por sus partidarios. Hay que recordarlo con claridad: el cannabis es una droga cuya nocividad está cada vez más documentada. Las investigaciones recientes demuestran en particular el riesgo del uso de esta sustancia para la salud mental, especialmente entre los jóvenes.

Por otro lado, las políticas y campañas que durante décadas han apuntado a demonizar el cannabis no solo han sido ineficaces sino que también, paradójicamente han contribuido a reforzar la desconfianza de los usuarios y potenciales usuarios hacia los “mensajes de prevención” asociados a una droga que perciben erróneamente como relativamente inofensiva. Por eso, es esencial reconciliar estos públicos con los mensajes de prevención que les conciernen. Esto solo puede hacerse proporcionando una información sobre el cannabis que sea clara, objetiva y comparada.


(1) Ver en particular: Potency Monitoring Project (University of Mississipi, USA) – estudio realizado sobre 51037 muestras entre los años 70 et 2003

(2) National Household Survey, 1998, citado por Jan Copeland & al. Australian National Council on Drugs, 2006

(3) Evidence-based answers to cannabis questions, a review of the literature – Australian National Council on Drugs, 2006