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los niÑos de la paz - de montreal a nicaragua

JennyferSeptember 2008 - Jenyfer es estudiante en la universidad McGill de Montreal, se interesa particularmente en los asuntos internacionales y en la geopolítica de los países en desarrollo. Se fue tres meses a Nicaragua para trabajar con Dianova en la escuela Las Marías, ahí descubrió una experiencia de economía social que permite a niños pobres acceder a una educación primaria y secundaria gratuitas, beneficiar de un techo y comer tres veces al día. Jenyfer nos obsequia con su testimonio “la vivencia mas enriquecedora” de su experiencia estudiantil.

Jenyfer es estudiante en la universidad McGill de Montreal, se interesa particularmente en los asuntos internacionales y en la geopolítica de los países en desarrollo. Se fue tres meses a Nicaragua para trabajar con Dianova en la escuela Las Marías, ahí descubrió una experiencia de economía social que permite a niños pobres acceder a una educación primaria y secundaria gratuitas, beneficiar de un techo y comer tres veces al día. Jenyfer nos obsequia con su testimonio “la vivencia mas enriquecedora” de su experiencia estudiantil.

Mayo: jugamos a las educadoras

A mi llegada al centro educativo de Dianova “Las Marías”, yo no sé lo que me esperaba. No quise hacerme ideas, darme falsas ilusiones como suelo hacer, y luego estar decepcionada. Descubro un centro casi vacío, con pocos niños, ¡hay huelga de transportes! La primera semana me sirvió para descubrir el modo de vida local, ¡nada más! Pero rápidamente, las cosas empiezan a moverse y todo se anima a mi alrededor como un torbellino de imágenes desfilando a 100Km por hora y así hasta el final.

Jenifer Guido, la psicóloga del centro me acoge tan calurosamente y con tanta amistad, que me convierto rápidamente en una segunda psicóloga. Me abrió el camino, me guió y confió en mí. A menudo colaboraba con ella en las actividades que organizaba en el marco del programa de prevención. Ayudaba en mi integración y a poner en marcha mi famoso proyecto.

Al principio, temía el aburrimiento, el no poder adaptarme tan fácilmente a la cultura local, temía que no me gustase… A fin de cuentas, ¡me encontraba como pez en el agua!

En cuanto llegué, me integré en seguida al plan de trabajo del centro… En fin, hice lo mejor que pude. ¡No he esperado mucho tiempo para actuar como educadora, yo también!  Inspección de las habitaciones de las chicas por aquí, los  baños por allá! Después del almuerzo, los niños hacen lo que llamamos “las pequeñas”: limpiar la vajilla (la pica), la cocina, la cafetería (comedor), el piso de las chicas arriba (planta alta), el pasaje alrededor del centro (la planta baja), etc. El hecho es limpiar su entorno con el fin que el centro quede lo más limpio posible, y eso de la mañana a la noche. Yo me dedicaba a supervisar la “planta baja” y el dormitorio de las chicas. Tengo que decir que era bastante divertido.

Junio: “La depre”

Al final, ¡el tiempo ha pasado muy rápidamente!  Durante el mes de junio, tuve un poco más de dificultad para estar satisfecha de mis prácticas. No había explorado ni siquiera el funcionamiento mismo de Dianova, de la administración del centro y ya tenía un papel de educadora ¡a tiempo más que completo!! Estaba un poco más cansada y el cambio de comida, de modo de vida empezaba a notarse. No es del todo la misma comodidad como en tu casa. Al principio, todo es realmente especial y nuevo, la adrenalina, el descubrimiento… Pero a medida que el tiempo pasa, sentía esta nueva cultura casi mía.

Hacer unas prácticas como éstas, es venir con muchas ideas, ideas de cambiar un poco las cosas o al menos de ayudar muchísimo. Sin embargo, después de más de un mes en Nicaragua, me he dado cuenta que es un país muy pobre, en dificultad, muy necesitado,  más de lo que pensaba. A veces, me sentía totalmente inútil, me decía que, de todas maneras no me necesitaban ya que sólo permanecería 3 meses.

Además, las cosas tomaban mucho tiempo en poder realizarse, así como mi proyecto de estatuas de arcilla. ¡Nada se hace en un guiño de ojo! Desde el inicio de mi estancia me había forjado una coraza de paciencia que no tenía antes.

Sí, al principio es tranquilo, los niños te respetan, pero a medida que los días van pasando, te conocen mejor, luego te manipulan y saben como jugar con tus nervios. La falta de respeto a veces, e incluso a menudo, se resiente… Entonces, hablaba con ellos y bien o mal, intentaba hacerme entender. La vida de estos niños es difícil, marcada de recuerdos imborrables y a menudo malos. Sin embargo, quiero pensar que mi presencia les ha dado un soplo de vida nuevo, diferente… Claro que tenía relaciones más fuertes con algunos que con otros, incluso mejores con los más rebeldes. Me había prometido hablar un poquito cada día con un estudiante, con el fin de compartir con ellos un poco de mi vida, explicarles de donde soy y conocer también un poco de su historia.
Trabajar en el centro no ha sido fácil. Fue duro. Había que coordinarlo todo, organizar, comunicar… y ocuparse de los niños. La tarea era ardua, pero ¡que experiencia! He vivido en este centro los tres meses más educativos, interesantes, emotivos de mi vida. Admiro a los educadores, a la psicóloga y al coordinador del centro, porque trabajan todos con voluntad y de todo corazón.

Pienso que los momentos de “depre”, de miedo, de aburrimiento, de frustraciones y de pena eran parte íntegras de mi experiencia y es por eso que lo comparto con vosotros.

De todas maneras, convivir con otra cultura, no es vivir en una “burbuja rosa”, es muchas veces un choque cultural sorprendente. Pero, entre nosotros, lo mas sorprendente no es la llegada, sino ¡el regreso a casa!!

Julio: en el corazón del proyecto

El mes de julio fue una seguidilla de eventos inesperados y preparados. Varias actividades fueron organizadas en el centro, y durante dos semanas, he trabajado en las oficinas de Dianova en Managua. Estaba triste de dejar a los niños, pero a la vez feliz por descubrir otro aspecto del trabajo. He ido cabizbaja al trabajo. Traducción de la página web al inglés, cartas de petición para donativos, montaje de un video promocional no profesional, redacción de un artículo sobre el club deportivo y la competición de atletismo, en español, ¡señoras y señores! Una gran exclusiva. En fin, descubría el trabajo de una ONG. ¡¡¡Estaba apasionada!!! Esther Del Río, Alberto León, y Didier Lacroix, los directores, me han permitido realizar mis objetivos, me han apoyado y han confiado en mí. Me arriesgué y dije lo que pensaba: me han escuchado, me han dado responsabilidades, consejos y hemos trabajado juntos hasta el final.

A mediados de Julio, he podido por fin realizar mi proyecto “Los Niños de la Paz”. ¡Fue un éxito redondo! He conseguido casi sola captar la atención de los niños durante una semana haciendo escultura: trabajar su imaginación en un marco educativo, complementando el programa de prevención del centro. No hay nada más extraordinario que ver unos niños disfrutar, reír, cantar y aprender a expresar sus sentimientos. De ver unos niños, que tienen a veces un pasado tumultuoso, compartir su alegría. Cuando me puse a explicarles el proyecto y lo que iban a hacer, varios dudaron de mí y de la finalidad de la actividad. Sobre todo cuando mencioné que íbamos a realizar unas mujeres desnudas de arcilla, y que a través de esto, trabajaríamos la resolución de conflictos viendo en el fondo de nosotros mismos nuestros lados masculinos y femeninos. ¡Ahí, me miraron como si fuera una extraterrestre! Y no habléis ahí de lado femenino a chicos, es casi un insulto ya que la sociedad es muy machista. Una vez dada la explicación y viendo los chicos concentrados sobre su objetivos, me sorprendió ver que los que más dudaban de mis explicaciones, fueron los que mejor resultado dieron.

Era mi proyecto. Por primera vez, yo era un verdadero líder, de mi propia idea (inspirada, eso sí), he llevado de principio a fin una actividad con niños, hablando en otro idioma que el mío; un proyecto al que tenía especial cariño.

La salida: para volver mejor

Ya está aquí la hora del regreso, el corazón en el estómago, la impresión de tener todavía mucho que hacer,  durante la ultima semana, he visto desfilar en el centro la aplicación de las observaciones e ideas que había propuesto. He visto también desfilar mis tres meses pasados con la gente que me ha acompañado y me ha guiado. He recibido como regalo de recuerdo unas cartas de los estudiantes, ¡¡¡más de 200!!! Niños de los que estaba bastante cercana me escribieron unas palabras que decían cuanto me echarían de menos y cuanto les he ayudado. Pero ¿qué he hecho? Casi nada, salvo estar ahí. Durante la fiesta de despedida, ¡los niños del centro hicieron un espectáculo de bailes y cantos! Alrededor de un gran fuego, me cantaron una canción y leído un pequeño texto… Yerling me expresó su pena de verme partir y cuánto le había ayudado a sobreponerse a sus penas, a ver la vida de manera diferente y que su puerta siempre quedaría abierta para recibirme.  Aquella noche, lo hubiera dado todo para quedarme un rato más con ellos.

Trabajar con niños es lo más gratificante que existe. Sentir que con poca cosa, una pincelada de amor y de paciencia, se les da mucho. Dianova me ha abierto sus puertas a lo grande y gracias a esta experiencia, he descubierto en mí unas facetas desconocidas. He aprendido, he reflexionado y he crecido.

No hacen falta muchas cosas para hacer lo que hice. Creo que esta experiencia está al alcance de cualquiera, solo basta, como me decía uno de los alumnos allí, tener la voluntad de emprender para realizar sus objetivos. Fue una formación profesional pero también personal.

Dianova es más que una ONG, más que una comunidad, más que un centro, es una gran familia.

Jenyfer Maisonneuve
11 de septiembre 2008, Montréal, Canada.

La Red Dianova

La Red
Establecida en 12 países de Europa y América, la red Dianova está constituida por un conjunto de organizaciones autónomas que desarrollan programas sociales e iniciativas innovadoras en las áreas de la prevención o tratamiento de las adicciones, de la educación y del desarrollo personal y social de los jóvenes.